1.- La prevención en base al consumo inapropiado a los jóvenes en etapa de riesgo, es decir la educación que deben impartir padres o tutores a sus hijos.
2.- Brindar ayuda a la persona que está siendo afectada por su consumo, de tal manera a seguir sus respectivos tratamientos.
3.- Integrar a la familia en un ambiente de comunicación, respeto y confianza.
4.- Crear el hábito del estudio, lectura y participación en actividades fuera de la escuela.
5.- La respuesta está en la sensibilización, información, educación y la prevención, tanto ambiental, como personal y grupal, en todos los ámbitos y desde cualquier figura con capacidad de mediación e influencia, incluyendo no sólo a adultos profesionales sino también a los y las menores, con el objetivo de crear actitudes responsables y cambios en hábitos inadecuados.
6.- No debemos caer en estereotipos y generalizaciones que no ayudan a comprender mejor qué está pasando y cómo podemos intervenir. La primera de las diferenciaciones deberá ser la de género, pues chicos y chicas no interpretan igual la realidad y pueden percibir el consumo desde planteamientos diferenciados, en lo que supone, los riesgos que enfrentan y las motivaciones que les llevan a realizarlo.
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